24 mayo 2014

'Madre e hijo', las espinas de la maternidad

Crítica publicada en Esencia Cine


La rosa es una flor traicionera. Su belleza es innegable, su olor cautiva, su color encierra un magnetismo especial que nos deja obnubilados, pero, en cambio, tiene espinas. Y si te clavas una, duele. Madre e hijo es una rosa. La película de Calin Peter Netzer, ganadora del Oso de Oro de Berlín en 2013, es una gran obra, pero clava sus espinas al espectador en pequeñas dosis casi imperceptibles. 

Barbu, un hombre de 32 años, sufre un accidente de tráfico una noche cualquiera y atropella a un niño que, minutos después, muere. El hombre se enfrenta a una pena de prisión. Pero Cornelia, su madre, una mujer acomodada, madura y decidida, hará todo lo posible por sacarle del embrollo y evitar la cárcel.

El accidente revela la tensa dependencia familiar de los Keneres. Barbu no tiene una buena relación con sus padres, una pareja de clase alta que se desenvuelve en un círculo de alta sociedad que no él no comparte ni parece aprobar. Sin embargo, cuando tiene lugar el accidente, la familia no duda en volcarse en su ayuda revelando una serie de mecanismos de dudosa reputación.


Gracias a un guión muy bien armado, obra de Razvan Radulescu y del propio director, el film dosifica a la perfección todos sus ingredientes (tensión, drama e, incluso, píldoras de humor). Con una sobria brillantez la cinta nos sumerge en el seno de una familia de la burguesía rumana post comunista para ofrecer una visión muy panorámica de la sociedad rumana. El salto entre clases queda retratado en las diferencias existentes entre la familia protagonista y la familia de la víctima. Todos los personajes burgueses son retratados como gente odiosa, caprichosa y excesivamente egoísta (la conversación de la madre con la familia del joven fallecido da buena muestra de ello). Se puede interpretar la película como una crítica social, aunque nunca sólo como eso.

La interpretación de Luminita Gheorghiu concede a la película de un aura aún más intensa. En una última recta espléndida –escena final incluida– la angustia se apodera de la acción gracias a un trabajo superlativo de la actriz, que se apodera de cada una de las secuencias en las que aparece. La atmósfera viciada y la presión se adueñan de la cinta y de la relación de dominancia recíproca entre la madre y el hijo. Por momentos la correspondencia entre ambos resulta agobiante y las conversaciones, irrespirables.

Madre e hijo es un drama espinoso y descarnado que habla sobre la maternidad desde múltiples puntos de vista. Calin Peter Netzer entrega una película madura que reflexiona en torno a la soledad –a veces insensibilidad– fruto de la sobreprotección materna. La película rumana, de metraje ligeramente excesivo, supone una visión de lo real sin artificios, una cinta de un tono tal vez demasiado denso. Un filme que tiene en la representación de la crueldad involuntaria su mayor virtud, y en la cámara vibrante, estilo documental, su mayor enemigo. En definitiva, una preciosa rosa con muchas espinas.

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