20 abril 2014

'The Secret Society of Fine Arts', "anticine" sugestivo, arte provocador

Crítica publicada en Esencia Cine
Atlántida Film Fest

The Secret Society of Fine Arts se resume en una conversación. Un interrogatorio entre la protagonista y un agente de seguridad en el que ella, Eva Kovacks, narra la cronología de esa sociedad secreta. Una charla a tiempo real, de una hora y quince minutos, en la que descubrimos a los otros personajes, proyectamos las palabras de la joven y volvemos al fundido en negro en numerosas ocasiones. La palabra adquiere una importancia suprema en esta obra, nos transporta al pasado, en flashbacks, y nos devuelve al presente. 

Si en 1962 Chris Marker se valía de la imagen estática y el relato para crear La Jetée, el director danés Anders Rønnow Klarlund hace lo propio en esta cinta, con la única diferencia (actualización) del color. La palabra es el único vehículo narrativo real de esta película; la imagen que la acompaña se recrea en la belleza y la poesía visual, aparcando a un lado su función narrativa. The Secret Society of Fine Arts adquiere un aspecto que transita entre el cine, la fotonovela y el cómic.

La historia, por su parte, adquiere connotaciones polémicas y controvertidas por su temática. Un grupo de cuatro artistas underground hace estallar museos, bosques, etc., buscando la belleza que impacte al pueblo. “No es entretenimiento, no es un discurso político… sólo es Arte”, claman en su reconocimiento de la obra. El terrorismo y los límites significativos del arte centran el discurso. El diálogo vertebral gira en torno al uso del terror, la muerte o el asesinato como discurso artístico mientras se suceden las imágenes. 


Sin embargo, no es lo único en lo que se centra The Secret Society of Fine Arts. El film del cineasta danés toca tangencialmente otros temas, desde una relación de amor-atracción hasta el ritmo de vida de la sociedad actual. Sorprende en este último caso que no haya movimiento durante toda la película salvo en las pantallas (cine, televisiones, dispositivos móviles). La clave la da el líder de la sociedad: “Tengo un problema con el movimiento. Quizás sólo soy yo, pero no lo creo. Creo que es un problema real. Todo el mundo puede reconocer esto en sus vidas: lo rápido que nos movemos, correr al trabajo, tener prisa por llegar a casa, cocinar, follar, correr, arreglar el coche… 24 fotogramas por segundo; movimiento, movimiento, movimiento. Cuanto más corremos, menos sentimos. ¿Sabes lo que hace el arte cuando se hace bien? Para el mundo a tu alrededor”. El director parece tomar la voz del personaje como propia para explicar su vocación –o una de ellas– con esta película.

The Secret Society of Fine Arts es anticine, en el mejor sentido. Klarlund ha firmado una película estimulante, valiente, grotesca por momentos, pero profundamente bella. El excesivo recreo en las imágenes –la forma se convierte en un ente superior al contenido– y lo pretenciosa que puede resultar en determinados momentos –en los que parece querer revolucionar el cine desde sus cimientos– puede llevarnos a perder el hilo o el interés, pero lo cierto es que, por otro lado, la película enamora y cautiva desde las primeras imágenes. Anders Rønnow Klarlund no oculta sus referencias, siendo las más evidentes la obra distópica La Jetée y los trabajos cronofotográficos del siglo XIX, pero también adquiriendo por momentos los tonos más propios del thriller y el noir contemporáneos. Un experimento sugerente que supone una reflexión interesantísima sobre los límites tanto del arte como del propio ser humano. Sin llegar a erigirse en la revolución cinematográfica que parecía pretender su director (que anunció que dejaba el cine tras esta película), The Secret Society of Fine Arts sí consigue que su mensaje y, sobre todo, su dispositivo formal se impregnen en la memoria del espectador, lo cual ya es un logro a tener en cuenta. En definitiva, estamos ante un destacable experimento cinematográfico.

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