03 julio 2015

'Profanación', la alta burguesía caníbal

Crítica publicada en Esencia Cine


En el año 2003 Camilla Lackberg publicó en Suecia La princesa de hielo, primero de los títulos de la saga Los crímenes de Fjällbacka. Solo dos años más tarde, en 2005 y también en Suecia, el aclamado y posteriormente fallecido Stieg Larsson empezó la publicación de su trilogía Millenium con la exitosa Los hombres que no amaban a las mujeres. Para seguir con la tendencia dos años más tarde (2007) se iniciaría en Dinamarca la publicación de la saga del Departamento Q, escrita por Jussi Adler-Olsen, con una novela que llevó por título La mujer que arañaba las paredes. La tendencia en alza del denominado nordic noir se había convertido en pauta de estilo. Consciente de ello, las productoras audiovisuales no han dejado de lado la posibilidad de explotar sus virtudes en pantalla. En el año 2009 se estrenó en Suecia la adaptación de la saga de Stieg Larsson, protagonizada por Noomi Rapace, que posteriormente (2011) adaptaría David Fincher en Estados Unidos con un único film –por ahora– protagonizado por Rooney Mara y Daniel Craig. No es la única de las sagas nórdicas que ha sido llevada al lenguaje de imágenes. La serie de novelas de Camilla Lackberg –inagotable; aún se siguen publicando entregas a día de hoy– también tuvo su versión televisiva. Los crímenes de Fjällbacka se convirtió en 2013 en una miniserie de cinco episodios que mantenía la esencia y la atmósfera de las novelas (en España se pudo ver a través de la plataforma Canal Plus). La última en llegar a nuestras fronteras, aunque es del mismo año que esta, es la adaptación del universo literario de Adler-Olsen y su Departamento Q. Si el mes pasado se estrenaba la adaptación de la primera novela, bajo el título de Misericordia, ahora le toca el turno a la continuación, que llega a la cartelera con el nombre de Profanación.


Esta segunda entrega supone una nueva muestra de los rasgos comunes que aúnan todas las propuestas anteriores; una demostración de que los nórdicos son expertos a la hora de crear atmósferas inquietantes. Quizás el estado de bienestar en el que viven hace que sus mentes sean capaces de imaginar los peores entornos para sus personajes. Es el caso de las adaptaciones que ha llevado a cabo Mikkel Norgaard (Borgen, Klovn) del universo oscuro e inhumano que deletrea –su saga también sigue publicándose hoy– el escritor Jussi Adler-Olsen. Si algo posee Profanación es una atmósfera cargante, que agobia, aprieta sin llegar a ahogar y nos expulsa constantemente para después volver a atraernos. De la misma forma que en su predecesora Misericordia, el director juega con los sonidos y despliega una imagen pulcra y de una sutileza absoluta para establecer una especie de vaivén de voluntades con y hacia el espectador. En ocasiones, la relación que este mantiene con la historia puede ser similar a la que poseen los personajes de esta con el crimen. 

Profanación, además, dispone una historia de fondo con más interés que la primera entrega. El caso archivado que recuperan los proscritos policías Carl y Assad tiene que ver con una serie de crímenes cometidos años ha y atribuidos a un oscuro personaje del pueblo, gracias a una confesión, pese a que la gran sospecha sobrevolaba en principio sobre un grupo de jóvenes estudiantes de clase alta. En este punto radica el mayor foco de interés de esta segunda entrega de la saga. Profanación ahonda en el retrato de una alta burguesía llena de ambiciones e instintos depredadores, una nobleza caníbal que juega y se divierte a costa del dolor de los demás. Sin embargo, como ya le ocurría a la primera película, Profanación termina por perderse en un carrusel de giros interminables y en la espectacularidad hacia la que termina por verterse todo el dispositivo técnico, que acaba olvidando la sutileza para filmar –con la misma elegancia, eso sí– una suerte de espectáculo visual con menos jugo narrativo del que se le presuponía. Sí resulta interesante, en cambio, la composición de la historia en dos tiempos a través de grandes interpretaciones, tanto juveniles como adultas. 

Si el nordic noir está en alza en el territorio narrativo, no parece que el cine o la televisión (de la que su director aún mantiene dejos, sobre todo en ciertas planificaciones) vayan a tener todavía por delante un recorrido menos amplio en torno al género.

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